Un día, Jean-Luc recibe una misteriosa carta de amor... sin remitente. Intrigado, acepta el juego que le propone la desconocida y, sin pensárselo dos veces, inicia con ella una deliciosa correspondencia por e-mail.
Por supuesto, lo único que quiere es descubrir la identidad de esa mujer que tantos detalles conoce de su vida y a la que nunca ha visto en persona... ¿o tal vez sí? Evidentemente, el destino tiene otros planes...
Reseña:
Al comienzo del libro, Jean-Luc comienza contándonos una parte de su pasado, que conforme avanzamos en el libro, nos ayuda a entender y comienza a tomar sentido de por que lo relata.
Jean-Luc tiene una vida ocupada y llena de mujeres hermosas. Una mañana Jean-Luc encuentra en su buzón una carta, sin remitente, y que obviamente va dirigida a él "Duc"
La carta lo deja sorprendido e intrigado, ya que la autora de tan hermosa carta lo reta a seguir el juego.
Jean-Luc esta seguro que su "admiradora secreta" no aguantara mucho sin revelarle su identidad, pero el esta completamente equivocado, ya que en menos de lo que el espera, se ve a si mismo contestando las cartas de esta misteriosa mujer, y esperando con ansias el tener noticias de la "Pincipessa"
La vida de Jean-Luc cambia, y ahora esta más pendiente de las mujeres que lo rodean, ya que cualquiera de ellas podría ser esa misteriosa mujer.
Conforme pasan los días, el intercambio de palabras que van subiendo de tono, todo se convierte en algo sensual y erótico.
Jean-Luc ya no puede estar, sin tener noticias de la Principessa. Un día un error le hace estar apunto de perderle.
¿Recuperara Jean-Luc a su Principessa? ¿Descubrirá quién es? ¿Podrán las palabras ser suficientes para el amor?
"Me ves pero no me ves"
Aquí un pequeño fragmento de la primera carta de la Principessa para el Duc:
¿Puedo sorprenderle si le aseguro que desde el primer momento sentí que usted, querido Duc, es el hombre que siempre he estado buscando?
No creo. Usted lo habrá oído ya cientos de veces, la verdad es que no es algo muy original. Además, de eso estoy segura, usted sabrá por su propia y nada desdeñable experiencia que a menudo el tan citado «amor a primera vista» da paso en un tiempo sorprendentemente corto a un gran desencanto.
Así pues, ¿quedará para mí alguna palabra de amor o pensamiento apasionado que no haya sido escrito o pensado antes por otra persona? Me temo que no.
Todo se repite, está usado y apenas causa asombro cuando se observa desde fuera. Y, sin embargo, todo parece nuevo cuando se experimenta en uno mismo, y la sensación es tan arrolladoramente hermosa que se cree haber descubierto el amor.
Opinión:
Es un libro muy romántico, el misterio de las cartas me ha encantado, la manera en la que se demuestra el poder de las palabras, y que estas son capaces de enamorar.
Debo de decir que (no voy a revelar la identidad de la Principessa, eso tiene que descubrirlo ustedes) yo descubrí luego quien era la Principessa, no puedo entender como Jean-Luc no lo vio, creo que es muy obvio. En especial por las pistas que ella le da, el tren, el libro...podría seguir pero eso les revelaría a identidad.
El libro me ha hecho reír, lanzar suspiros, emocionarme a más no poder. Sin duda uno de los mejores libros que he leído.
El libro esta narrado completamente por el protagonista, algo muy bueno, ya que la mayoría de libros están narrados por ellas. Esto es algo totalmente bueno, ya que ayuda a mantener el misterio, y conforme avanza la historia, tanto Jean-Luc como nosotros vamos descubriendo más y más.
Recomendando al 100%
Otro pequeño fragmento:
Con el tiempo pasa una cosa muy extraña.
Domina nuestra vida más que ninguna otra dimensión. En realidad todo gira en torno al tiempo que tenemos, el tiempo que no tenemos, el tiempo que nos queda. Ese es el tiempo real. Un día, diez meses, cinco años.
Pero luego está también el tiempo que percibimos, que es el hermano caprichoso del tiempo real. Es el que hace que una hora de espera dure treinta cinco horas y que, en cambio, la hora que nos queda para hacer algo importante quede reducida de pronto a ocho minutos.
Se nos escapa, nos persigue, y sólo existe un punto en el que nosotros controlamos el tiempo. Son esos escasos momentos en los que estamos inmersos en el tiempo y por eso no lo notamos. Entonces lo dejamos en suspenso, detenemos todas esas pequeñas ruedecitas que tan bien encajan unas con otras, y vamos en punto muerto por la vida.
Son los momentos del amor.
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